El juego simbólico es una experiencia vital de la infancia que posibilita transformar, crear otros mundos, vivir otras vidas, jugar a ser otros, y así aprender a pensar como los otros, a sentir como los otros y, en definitiva, a saber que existen formas de pensar y sentir diferentes a la propia. Destaca por su importancia en el desarrollo del niño, ya que gracias al juego simbólico el niño representa, mental y mímicamente, una realidad que plasma según su deseo y necesidad. En definitiva, permite al niño expresar sus sentimientos. Efectos todos ellos beneficiosos que se triplican cuando el juego simbólico se utiliza dentro de las aulas escolares como método de trabajo. Jugamos a ser mamás, vendedores, médicos, informáticos…